Artículos de Opinión

Derechos Humanos, una revisión crítica (a 73 años de la Declaración).

La presente opinión intenta problematizar sobre la concepción actual de los derechos humanos y para ello propone la reflexión sobre la base de cuatro ideas: Los derechos humanos son o deben ser esencialmente una construcción cultural; no se originan en las leyes; hoy más que nunca no es posible concebirlos sin una democracia participativa y finalmente hay que superar la mirada eurocéntrica de ellos.

Franz J. Hinkelammert hace ver la necesidad de un replanteo a fondo de los derechos humanos y de su concepción, postula que es necesario una respuesta que, sin embargo, no será posible sino desde los derechos humanos mismos[1], es decir, invita a repensarlos desde su origen[2].

A través de cuatro ideas buscaremos problematizar sobre estos, en una revisión crítica de la forma como se conciben, todavía, hoy.

Boaventura de Souza Santos señala que no hay derechos humanos, si no podemos discutir sus conceptos básicos. Ello implica discutirlos de manera que nuestra América Morena pueda participar del diseño y de la conceptualización. Así se hace necesario mirarlos desde una perspectiva de los países y pueblos “subdesarrollados”, para complementar y articularse con la perspectiva del Norte, que ha dominado hasta ahora.[3]

La primera idea es que los derechos humanos son o deben ser esencialmente una construcción cultural, esto porque los pueblos, comunidades y o grupos humanos, y las culturas que en ellos se expresan, han desarrollado fórmulas propias de valores y de organización social orientadas a asegurar el respeto y resguardo de la persona humana y de la autodeterminación colectiva e individual. Por ello, tienen o pueden tener la capacidad de transformar las realidades sociales, políticas y jurídicas, en este sentido son expresiones de la experiencia de comunidades y pueblos en búsqueda de un ideal de convivencia y de formas de organizar la sociedad.[4]

Las diferencias sociales y culturales en las sociedades impactan sobre el universo de valores, ya que no existe una única concepción de los derechos humanos, porque no existe una única concepción de la dignidad humana. Esta diversidad de visiones ofrece contrastes dramáticos desde las relaciones de poder que enfrentan distintos colectivos humanos y desde la consecuencia que estas visiones diversas provocan en la cotidianeidad de la vida de personas pueblos y comunidades. Diversas culturas se centran en valores de naturaleza predominantemente colectiva, consecuentemente con ello sus formas de concebir la dignidad humana difieren de los valores de derechos asociados solo al individuo.

La segunda idea es que los derechos humanos no se originan en las leyes.  Son las revoluciones liberales las que dieron lugar al Estado de Derecho y al reconocimiento de los derechos humanos desde las constituciones y las leyes.  No obstante, estos no son concesiones de la sociedad, ni prebendas del Estado, ni dependen de su reconocimiento estatal, ni del derecho positivo para poder afirmarlos.

Otra cuestión es el hecho de que haya derechos que para poder ejercerlos, deban estar reconocidos por la institucionalidad vigente: una población segregada no podrá ejercer sus derechos económicos, sociales y culturales, mientras no lo reconozcan las instituciones que lo administran. No obstante, son precisamente las luchas y las resistencias de los pueblos las que permitirán doblegar los regímenes que niegan sus derechos.

Las conquistas expresadas en ley reflejan en definitiva cuales son los términos de la relación de poder que se ha logrado, representan el reconocimiento de las demandas y de las condiciones para el respeto y ejercicio de los nuevos derechos.[5]

Por todo esto podemos señalar que los derechos humanos tienen una triple sustentación: ética, los principios, ideas y valores a los que responden; política, los modelos, proyectos y las luchas por medio de las cuales se reivindican; y jurídica, las normas y leyes nacionales e internacionales que las convierten en acuerdos y tratados obligatorios para los Estados.

La tercera idea es que hoy más que nunca no es posible concebir los Derechos humanos sin una democracia participativa, ya que el objetivo de un sistema democrático es que mediante mecanismos de participación política se asegure que los proyectos, intereses y necesidades de todos los sectores de la sociedad se puedan expresar y sean tomados en cuenta en la organización jurídica, política, social, cultural y económica de esta.

Erróneamente se ha asimilado la democracia con una forma o expresión de ella, la liberal representativa. No obstante, gracias a los movimientos por las luchas por reconocimiento de derechos, se ha conseguido ampliar el término de democracia por una democracia social, económica y de lo personal, esto último se expresa con claridad en los movimientos feministas y LGBTIQ+.

Las conquistas de derechos humanos traen como natural consecuencia: relaciones de poder de mayor equilibrio en la sociedad; genera condiciones de mayor igualdad, justicia y capacidad de incidencia en las decisiones públicas; contribuyen a la construcción colectiva de sociedades basadas en el respeto a la persona, las comunidades y a los valores de efectiva participación ciudadana y justicia social; las relaciones sociales se producirán en armonía con las necesidades de dignidad mutua.[6]

No obstante lo recién dicho, no hay que olvidar que la construcción de la democracia como régimen para la garantía de los derechos y la justicia social sigue siendo una tarea pendiente en muchos Estados de la humanidad, en esta idea el profesor Joaquín Herrera Flores ha señalado que los derechos humanos han servido como discurso ideológico para intervenir en la realidad a partir de los intereses de las clases sociales que detentan el poder y de la ideología y la cultura dominantes. Bajo la pretensión de definir “lo humano” en general, se han abstraído los derechos de las realidades concretas, lo que respondería a los objetivos de las ideologías hegemónicas.[7]

Por su parte el profesor y político brasileño Francisco C. Weffort ha expresado que una democracia moderna es una democracia en la cual la mayoría del pueblo no esté confinada a la condición de ciudadanos de segunda clase. En la cual, por tanto, la mayoría del pueblo– y no sólo una minoría de privilegiados– esté en condiciones de volverse dirigente… Todos los trabajadores –y no sólo una minoría entre ellos– pueda salir públicamente “a decir su propia verdad”.[8]

En esta misma línea ha reflexionado Noam Chomsky, quien nos señala que durante siglos la legislación progresista y el bienestar social han sido ganados por medio de luchas populares. Estas luchas siguen un ciclo de éxitos y retrocesos y ellas deben ser proseguidas cada día, si lo que se busca es crear una sociedad democrática que ofrezca respuestas genuinas, no cada cuatro años y solo en las urnas[9].

Esto se ha dado en la práctica concreta de los pueblos por conseguir condiciones de vida digna. Ello supuso la toma de conciencia en cada momento histórico de los valores sociales que estaban en juego y de las condiciones que impedían su concreción.  Suponía además la necesidad de organizarse para luchar por su logro, el que no era otro que conquistar, y tal vez crear, un orden social libre de las fuentes de opresión, orientado a obtener la satisfacción de las necesidades básicas que resultaren principales como grupo humano[10].

Finalmente hay que superar la mirada eurocéntrica de los derechos humanos, particularmente en América Latina y el Caribe debemos reivindicar los valores fundantes que desde tiempos precolombinos, provienen de nuestra diversidad de raza y cultura, defendiendo concepciones tradicionales inspiradas en el socialismo humanista y ecológico que ha caracterizado, a nuestra vida campesina, indígena, silvícola, pesquera y minera.

En este sentido el concepto indígena del Sumak Kawsay[11] buen vivir, Suma Qamaña[12] bien vivir, es uno de los medios para enfrentar el desafío de apropiación cultural de los derechos humanos, es la reflexión en torno a conceptos propios de las herencias culturales de los pueblos de nuestra américa morena. Este concepto ancestral desafía los valores que conforman las doctrinas liberales y los modelos de desarrollo que han legitimado la explotación del ser humano y la sobreexplotación de los recursos naturales.

El sumak kawsay parte de la premisa de que no hay plenitud del individuo, si no hay buen vivir para el resto de miembros de la comunidad. Así, abarca la felicidad y dignidad de la persona concebidas desde lo colectivo y desde las condiciones materiales que posibilitan la vida en armonía.  Abarca el territorio y la naturaleza, a los que se debe respetar y cuidar, como espacios donde también tiene lugar la vida.

Si la naturaleza es dañada, si es considerada como un mero objeto que puede aportar recursos ilimitados para la satisfacción insaciable e inmediata del ser humano, las corporaciones, las mineras y los Estados, entonces el buen vivir se ve comprometido para el presente, y para las generaciones futuras.  Por ello se cuestiona al ser humano como centro de todo, este es el eje central de la concepción de derechos humanos y de desarrollo de occidente, que ha precipitado las crisis ambientales que amenazan la supervivencia humana.

Este último hecho descrito ayuda a entender el rechazo de los pueblos originarios a la visión etnocentrista[13] que proponen las doctrinas hegemónicas de los derechos humanos. Su valor para repensar los derechos humanos evidencia que la descolonización política, económica y social en la que están embarcados los pueblos de América Latina debe ser esencialmente cultural.

Por lo anterior una de las tareas que hay que asumir es la descolonización de los conceptos de las visiones hegemónicas eurocentristas. Esto requiere un trabajo de reformulación filosófica y política participativa en los procesos de construcción de nuevos modelos de organización social. Ya que hay otras formas, más humanas, de ser, pensar, crear y producir que las que promueve el capitalismo y sus formas neoliberales, formas que siguen vivas a pesar de todas las catástrofes sufridas desde el inicio de la conquista y la usurpación europea.

Mucho que reflexionar y que discutir, para seguir potenciando los derechos humanos como el eje articulador de un mundo más fraterno y auténticamente humano. (Santiago, 10 diciembre 2021)

 

[1] Hinkelammert, Franz (2006). “El retorno del sujeto reprimido”. Editorial caminos . La Habana.

[2] Sobre el origen ver: Peces, Barba. “Historia de los derechos fundamentales”. ver en: https://e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/12920/derecho_Peces_2003.pdf consultado el 4 de agosto de 2021.

[3] Boaventura de Sousa Santos (2010). “Descolonizar el saber, reinventar el poder”. Ediciones Trilce. Montevideo, Uruguay.

[4] Ravinovich Berkman, Ricardo (2020) En: https://corporacionfundamental.cl/blog/2020/04/05/los-derechos-humanos-una-construccion-que-podria-derrumbarse/  consultada 18 de agosto de 2021.

[5] Herrera Flores, Joaquín (2008) La reinvención de los derechos humanos. Andalucía. España. Editorial Atrapasueños.

[6] Durán, Maximiliano. “El concepto de ciudadano en el pensamiento de Simón Rodríguez: igualdad y universalidad”. Revista de Estudios de filosofía práctica y estudio de las ideas vol.12 nº1 Mendoza jun. 2010.

[7] Herrera Flores Joaquín. “La reinvención de los derechos Humanos”. Editorial Atrapa sueños. Andalucía España.

[8] Weffort C, Francisco. Dilemas sobre la legitimidad Política. Revista de la Cepal Nº 35 1988. Santiago de Chile.

[9] Entrevista Noam Chomsky por Atilio Boron. Ver en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20100614115325/10chomsky.pdf consultada el 8 de septiembre de 2021.

[10] López, Jairo Antonio. Los Derechos Humanos en movimiento una revisión teórica. Revista Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad Vol. XX No. 56 T Enero / Abril de 2013

[11] Sumak Kawsay representa el ideal del proyecto social indígena, entendido como una propuesta epistémica basada en las instituciones y las formas de vida andino-amazónicas. Sumak, se traduce, por ejemplo, como: plena, bella, hermosa, espléndida, excelente; y Kawsay, como: vida, existencia, incluso como cultura (Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2007), porque para los pueblos ancestrales amazónicos y andinos, la vida es cultura y la cultura es vida. En tal sentido, es importante entender al Sumak Kawsay, como un concepto que surge y existe en un contexto particular y que se encuentra en permanente construcción, oscilando entre una re-apropiación por parte de los pueblos originarios (y del Movimiento Indígena).

[12] Expresión aymara que significa ‘vida en plenitud, en armonía y equilibrio con la naturaleza y en comunidad’.  Vivir bien.

[13] Aguilera Portales, Rafael (2002) “El problema del etnocentrismo en en el debate antropológico entre Clifforf Geertz, Richard Rorty y Levi -Strauss” ver en: https://www.ugr.es/~pwlac/G18_11Rafael_Aguilera_Portales.pdf consultada el 10 de julio de 2021.

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