Artículos de Opinión

Horas tensas y confusas en Venezuela.

No resulta sencillo terminar con un régimen de veinte años, que todo controla, sólo con manifestaciones y apoyos desde el exterior, a menos que internamente, quienes detentan el poder, apoyados por las armas militares, se dividan y permitan un vuelco definitivo.

Se anticipaban marchas opositoras y gubernamentales para el simbólico primero de mayo, un episodio más en la rutina utilizada entre adversarios políticos, en una Venezuela que deteriora y profundiza su crisis desde hace tiempo. Sin embargo, el día anterior, todo se precipita, con la convocación de Guaidó a conquistar la libertad, denunciar la usurpación, y el enfático mensaje a los militares adeptos al chavismo. Un claro y fuerte llamamiento a la rebelión civil y al alzamiento militar. Fueron unas horas bastante difíciles de entender, tanto por lo que realmente sucedió, como en sus consecuencias inmediatas. No resulta serio simplificarlo a quien ganó o quién perdió, como usualmente se opina en esta era de la inmediatez y de las redes sociales. Tampoco es posible distinguir la verdad de la propaganda interesada, si se toman en cuenta los mensajes de parte y parte. Los del régimen imperante, calificándolo de golpe de estado, con sus diatribas, eslóganes y frases consabidas de siempre, como si no hubieren pasado los años de una Guerra Fría, reeditada a petición de Maduro. Y por la oposición, las seguridades de la victoria final, el término de una etapa, y el derrocamiento gubernamental, que todavía esperan, porfiadamente.
En definitiva, una confusión que fue alimentada, además, por las escasas imágenes focalizadas de lo que ocurría, unidas al embargo comunicacional y electrónico puesto en práctica por el gobierno, impidiendo toda evaluación objetiva, y el desconocimiento de lo que ocurría en el resto del país. Sobre todo en lo que constituye el punto focal y de mayor importancia, que no está sólo en lo multitudinaria que puedan ser las manifestaciones y en el fervor de sus arengas, sino en cuanto y en que medida, los militares se dividen; entre la cúpula protegida y sus altos rangos plenos de prebendas y principal sostén del chavismo, y una tropa que sufre y resiste similares privaciones que la mayoría de la población. Hasta dónde esta división real se traduce en desobediencia y en un cambio de bando de las fuerzas armadas, es todavía incierto y no hay pruebas concretas de que hubiere ocurrido. Imposible saberlo con certeza, entre tanta consigna y declaraciones altisonantes.
Otros acontecimientos adicionales sólo se logran deducir por ciertas situaciones reveladoras. Algunos militares que accedieron a liberar al simbólico Leopoldo López de su prisión domiciliaria, obedeciendo al dictamen del Presidente Encargado, más otros que aparecieron junto a Guaidó y López, en sus breves discursos callejeros. Por parte del oficialismo, pocos hechos aislados también dan algunas luces de lo que ocurre detrás de las versiones de las autoridades, las que no podrían asegurar nada diferente, a menos hubieren perdido el control de la situación. Ha llamado la atención, la tardía figuración del propio Maduro, tan proclive a los discursos llamativos y reiterativos, sólo participando vía “tuits” y con una breve alocución, asegurando que todo está bajo su mando, y reemplazado por Diosdado Cabello como figura encargada, refrendada por el General Padrino, como Ministro de Defensa.
Revelador de que, por sobre la aparente normalidad y pleno control del oficialismo, hay otros hechos y situaciones que se desarrollaron puertas adentro. Será sumamente clave verificar si son ciertas las declaraciones del Secretario de Estado norteamericano, Pompeo, en el sentido que Maduro estaba con un avión esperándolo para irse a Cuba, así como los contactos norteamericanos con otras altas autoridades, dispuestas a dejar el país. Si así fuere, tendríamos una trascendente quiebre dentro de la cúpula del gobierno y una demostración de su creciente debilidad. Si además, todo ello hubiere sido contenido por presión de Rusia, añadimos un elemento foráneo, nuevo y poderoso. Un hecho más que significativo, pues demuestra que el aparente y completo dominio del régimen, no es tal, y que hay múltiples fisuras que, tarde o temprano, pueden hacerlo colapsar. Un punto que no debería llamar la atención, pues no hay duda de que el régimen se encuentra mucho más frágil que hace unos meses, concretamente, desde la irrupción de Juan Guaidó y su reconocimiento internacional como Presidente Encargado. Algo inédito y decisivo, obtenido por la oposición venezolana, casi siempre disgregada y dubitativa frente al régimen chavista, con a veces participación en las elecciones, y otras tantas, ausente.
Sin embargo, lo que sí llama la atención, es la nueva injerencia determinante de una potencia foránea, como es Rusia. Un tema que da otra dimensión a la crisis de Venezuela, y que la inserta dentro de la confrontación global de las Grandes Potencias, entre Rusia, China y Estados Unidos. Y sobre todo, incidiendo a petición del propio Maduro. De ser efectivo, el consejo ruso de no abandonar el poder y de resistir, haría pleno sentido, considerando sus intereses de penetración en Latinoamérica. Igualmente, resulta coincidente con la tradición rusa de la era soviética, que jamás permitió levantamiento popular alguno, y los reprimió con toda la fuerza de los tanques. Tal vez un consejo ya conocido a un Maduro más débil, para que resista e intente sostenerse a toda costa. Como consecuencia, podríamos ver una reacción gubernamental contundente en los próximos días, en respuesta a lo ocurrido.
En esta línea de acción, podría inscribirse la decisión de buscar refugio en alguna Embajada, la chilena al inicio o la española después, de Leopoldo López y familia, bajo el justo temor de que su desafiante liberación, no será tolerada. Otras situaciones parecidas, serían las de algunos efectivos militares que desobedecieron y que apoyaron el levantamiento, y que ahora temen por sus actos. Queda en manos del régimen decidir si emplea la represión en gran escala, y el encarcelamiento de Juan Guaidó, como el símbolo más reconocido. Decisión todavía pendiente, por las numerosas repercusiones internas y externas que acarrearía.
Es por ello que el Grupo de Lima ha reiterado su total respaldo al Presidente Encargado, y  tiene previsto reunirse prontamente en Perú. Reunión en la que podrían decidirse medidas adicionales y otras acciones concretas, con el objeto de dar nuevos pasos que incrementen la presión al régimen que califican de ilegítimo.
En definitiva, hemos asistido a unas horas importantes y vitales en Venezuela, a pesar de tanta confusión y de la carencia de resultados precisos, por ahora. No resulta sencillo terminar con un régimen de veinte años, que todo controla, sólo con manifestaciones y apoyos desde el exterior, a menos que internamente, quienes detentan el poder, apoyados por las armas militares, se dividan y permitan un vuelco definitivo. Estamos frente a un proceso que avanza, y que todavía persiste, aunque no logre definiciones rápidas ni en breve plazo, como sería deseable. (Santiago, 1 mayo 2019)

 

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