Opinión.
Una llamada a la justicia: La Ley de Grandes Simios no puede seguir esperando, por Pedro Pozas Terrados.
La Ley de Grandes Simios es fundamental para transformar la situación de aquellos que viven en cautiverio, muchos de los cuales sufren condiciones indignas en zoológicos. Esta ley aseguraría estándares mínimos de bienestar, respetando sus necesidades físicas, emocionales y sociales.

La Ley 7/2023 de 28 de marzo sobre la protección de los derechos y el bienestar de los animales y que entraría en vigor a los seis meses de su publicación en septiembre de 2023, se convirtió en un hito para la defensa de los derechos de los animales en España. Es cierto que algunas propuestas que estaban incluidas en la Ley como la prohibición de los espectáculos circenses con cetáceos o que en la ley estuviera incluidos los perros de caza, fueron rechazadas por los partidos políticos. Dentro de esta ley, se incluyó la disposición adicional cuarta sobre la Ley de grandes simios que no solo daba un paso adelante en la protección animal, sino que marcaba un compromiso histórico: el gobierno español debía legislar, en un plazo tres meses, una Ley de Grandes Simios. Este mandato, aprobado tanto en el Senado como en el Congreso, recibió un amplio respaldo político, social e incluso mediático, consolidando la idea de que los grandes simios son más que seres sintientes; son individuos con capacidades cognitivas extraordinarias que comparten con nosotros rasgos fundamentales que definen la personalidad humana, según lo establecido por el bioético Joseph Fletcher.
Sin embargo, casi un año después, seguimos esperando. A pesar del apoyo político, social e internacional, la Ley continúa estancada. Este retraso no solo es un incumplimiento legal, sino una falta de compromiso ético hacia seres que merecen ser reconocidos como algo más que simples «recursos» para el ser humano. Los propios medios de comunicación no cesan de preguntar para cuándo el gobierno va a legislar la ley y el porqué se está retrasando, cuando sería un texto sencillo que no implicaría cambios en otras leyes y sin ningún coste económico, sólo el compromiso de instituciones particulares de tratar a nuestros hermanos evolutivos con respeto y sin negociar con sus vidas.
La Ley de Grandes Simios es fundamental para transformar la situación de aquellos que viven en cautiverio, muchos de los cuales sufren condiciones indignas en zoológicos. Esta ley aseguraría estándares mínimos de bienestar, respetando sus necesidades físicas, emocionales y sociales. Acabar con los programas de reproducción en cautividad que hemos solicitado para los grandes simios que no tienen ningún aval científico independiente y muchas otras propuestas En lugar de ser tratados como meras atracciones o sujetos de experimentación, los grandes simios serían reconocidos como individuos con derechos propios.
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