Diario Constitucional

Donaciones y patrimonio

Donar no es solo pagar menos impuestos

La nueva Ley de Reconstrucción Nacional abre una oportunidad para anticipar la transferencia patrimonial con una carga tributaria reducida. Sin embargo, una planificación adecuada exige ir más allá del ahorro de impuestos: conocer la estructura y proyección del patrimonio, definir mecanismos de protección y preparar a los herederos para asumir responsablemente la administración de los bienes recibidos.

Por Felipe Rossé Infante·01 de octubre de 2026·3 min de lectura
Donar no es solo pagar menos impuestos
Referencial

Con la reciente aprobación de la Ley de Reconstrucción Nacional, Chile estrena un régimen transitorio que permite efectuar donaciones a los herederos mediante un procedimiento simplificado y con una carga tributaria reducida a la mitad. Sin duda, una oportunidad relevante para muchas familias chilenas. Pero sería un error mirar este proceso únicamente desde la perspectiva tributaria.

La pregunta verdaderamente importante no es cuánto impuesto puedo ahorrar al donar, sino cómo debo enfrentar una transferencia patrimonial anticipada al interior de mi familia.

Después de participar profesionalmente en numerosos procesos de reorganización y transferencia patrimonial, una conclusión resulta evidente: no existen dos familias iguales y, por lo tanto, tampoco existen recetas universales. Cada patrimonio tiene su propia historia, composición y complejidad. Y cada familia también. La edad de sus miembros, su estado de salud, matrimonios, capacidades, intereses, proyectos personales, relaciones entre hermanos y expectativas sobre el patrimonio son variables que necesariamente deben formar parte del análisis.

Porque los patrimonios, al igual que las familias, son organismos vivos. Crecen, evolucionan, se multiplican, cambian de valor, generan oportunidades y también conflictos. A veces se mantienen unidos durante generaciones y otras veces se fragmentan rápidamente. Por eso, antes de hablar de impuestos o contratos, hay que entender qué se quiere preservar y hacia dónde se quiere conducir ese patrimonio.

El primer paso práctico es realizar lo que denomino un escáner patrimonial. Puede tratarse de una estructura sofisticada, con sociedades, inversiones, inmuebles y activos en distintas jurisdicciones, o simplemente de una familia que posee algunos activos relevantes o estratégicos. La complejidad puede cambiar, pero el ejercicio es el mismo: identificar qué existe, cómo está estructurado, cuánto vale y, especialmente, cuánto podría valer en el futuro. Esta última pregunta suele ser determinante.

La planificación patrimonial no consiste necesariamente en transferir hoy los activos de mayor valor. Muchas veces la verdadera oportunidad está en identificar aquellos bienes cuyo potencial de crecimiento futuro es significativo. Una participación en una empresa familiar, un inmueble con alto potencial de apreciación o un activo que hoy tiene un valor relativamente bajo puede transformarse, con el paso de los años, en una parte sustancial del patrimonio familiar.

Detectar anticipadamente ese potencial permite diseñar una transferencia mucho más eficiente.

Luego viene la ingeniería jurídica y tributaria: definir qué activos transferir, en qué proporción, bajo qué estructura y con qué mecanismos de protección para quienes están efectuando la donación. No obstante ello, en mi experiencia, la parte más difícil comienza después. Es la conversación con los hijos.

Muchas familias postergan indefinidamente esta discusión. En algunos casos, incluso se implementan operaciones patrimoniales relevantes y luego se solicita a los beneficiarios que firmen documentos sin explicar con claridad qué están recibiendo, por qué lo están recibiendo o cuáles son las responsabilidades que ello implica. Ese enfoque puede resolver una operación jurídica, pero difícilmente resuelve una transición patrimonial.

Una transferencia realizada en vida ofrece algo que una herencia tradicional no puede entregar: tiempo. Tiempo para explicar. Tiempo para enseñar. Tiempo para corregir errores. Tiempo para observar cómo la siguiente generación administra los activos recibidos. Y, eventualmente, tiempo para ajustar decisiones. También permite derribar expectativas equivocadas. Una conversación patrimonial bien conducida permite reemplazar expectativas por información, responsabilidad y planificación.

La transferencia anticipada puede también generar un efecto particularmente positivo: transformar a los herederos desde una posición pasiva de espera hacia una participación responsable en administración y proyección. Cuando ello ocurre, el activo transferido deja de ser simplemente una riqueza recibida y pasa a convertirse en un proyecto potente que debe ser cuidado, administrado y, ojalá, incrementado.

Por eso, la próxima oportunidad tributaria que tendrán las familias chilenas debe ser entendida en toda su dimensión. El ahorro de impuestos será importante. Pero probablemente no será el principal beneficio. La verdadera oportunidad estará en utilizar este proceso para ordenar el patrimonio, anticipar la sucesión y comenzar conversaciones que muchas familias llevan años postergando. Porque, finalmente, una buena planificación patrimonial no consiste simplemente en decidir qué dejar a los hijos. Consiste en decidir cómo prepararlos para recibirlo.

Felipe Rossé Infante

Socio WMG Abogados Tributarios

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