Ética en la abogacía chilena
Los fundamentos éticos del Derecho: un diálogo con Aristóteles, Immanuel Kant y John Stuart Mill.
La voluntad de la ciudadanía no permanece oculta; la voz del colectivo desacredita cada vez con mayor frecuencia el ejercicio profesional de la abogacía. Términos como “corrupto(a)” se han integrado al discurso habitual de quienes, con fundamento, se atreven a evidenciar cómo la meritocracia ha quedado relegada a un segundo plano.

En la Apología de Sócrates, encontramos una cita pronunciada ante los tribunales de Atenas que sigue siendo pertinente en la actualidad: “cuando mis hijos sean mayores, atenienses, castigadlos causándoles las mismas molestias que yo a vosotros, si os parece que se preocupan del dinero o de otra cosa cualquiera antes que de la virtud, y si creen que son algo sin serlo, reprochadles, como yo a vosotros, que no se preocupan por lo necesario y que creen ser algo sin ser dignos de nada. Si hacéis esto, mis hijos y yo habremos recibido un justo pago de vosotros”.
Estas palabras resultan elocuentes y categóricas: quienes estructuran su vida en función de placeres meramente materiales o inferiores —como señalaría John Stuart Mill— y orientan sus esfuerzos hacia el enriquecimiento y la codicia, deberían ser reconocidos por la sociedad como depositarios de un vacío existencial inconmensurable.
Resulta interesante cómo, históricamente, la filosofía ha sido percibida como un ámbito que trasciende la realidad tangible, con una marcada inclinación metafísica. No obstante, en el mundo contemporáneo, estas reflexiones adquieren una relevancia inusitada, especialmente en el contexto de Chile.




