Diario Constitucional

Disputa marítima con Bolivia

¿Dialogar con Bolivia?

Todo hace pensar que, tal vez, sólo debiéramos concentrarnos en el Juicio de La Haya, sin buscar más alternativas, por muy bien intencionadas o sabias que sean otras voces, como las del Papa Francisco.

22 de julio de 2015·4 min de lectura

Transcurrido más tiempo y en perspectiva, podemos apreciar lo exhortado por el Papa Francisco luego de su viaje pastoral a Sudamérica, y mientras se encontraba en Bolivia. Fue clara la presión de su Presidente por el tema marítimo, tan pronto llegó; seguida con la entrega del “Libro del Mar”, y seguramente durante la audiencia privada. Su Santidad se refirió al caso señalando: “Hay que usar un diálogo franco y abierto para evitar conflictos con los países hermanos…Estoy pensando en el mar. Diálogo, diálogo. El diálogo es indispensable.” Durante su regreso a Roma, si bien advirtió que como Jefe de Estado, y siéndolo del Vaticano, debía ser muy cuidadoso en sus palabras, para que no fueran interpretadas como injerencia, añadió: “Siempre hay una base de justicia cuando hay un cambio de límites territoriales, y sobre todo después de una guerra. Entonces, hay una revisión continua. Diría que no es injusto plantearse una cosa de ese tipo, ese anhelo.”

Ha dejado ver lo que siente, por sobre cualquier posible gestión diplomática que hiciéramos ante la Santa Sede en prevención de su viaje, ya que indudablemente iba a ser utilizado por Evo Morales para su causa. Dialogar no es otra cosa que negociar, y negociar con Chile, es lo que Bolivia ha solicitado a la Corte de La Haya. Eso sí, para que nos obligue hacerlo de buena fe, mediante un fallo, que le conceda un acceso soberano al Pacífico. Ello conlleva, implícitamente, que sea a expensas de nuestro territorio, sin compensaciones, y modificando el Tratado de Límites vigente desde 1904. No es una demanda cualquiera.

El Papa, instó al diálogo, lo que está perfectamente en consonancia con la tradicional política vaticana, pues no podría recomendar lo contrario. Agregó, que era para “evitar conflictos con los países hermanos”, y “estoy pensando en el mar”. Es decir, reconoce la existencia de un conflicto boliviano, por un asunto que está ante la Corte, la que tiene jurisdicción según su Estatuto, para solucionar jurídicamente las controversias internacionales. Nosotros la hemos impugnado en este caso preciso, en excepción preliminar. Asimismo, reconoció “una base de justicia” cuando un pueblo (el boliviano) lo ha experimentado “después de una guerra” (la del Pacífico); donde “hay una revisión continua (¿del Tratado?), no siendo “injusto” este anhelo.

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