Diario Constitucional

Deepfakes sexuales sin

IA, Ética y Derecho Penal

El uso de inteligencia artificial para crear deepfakes sexuales sin consentimiento representa una nueva forma de violencia digital que desafía los marcos legales tradicionales. Este fenómeno plantea urgentes dilemas éticos y jurídicos, especialmente en contextos donde la falta de regulación perpetúa la impunidad. Penalizar estas conductas es no solo legítimo, sino necesario para proteger la dignidad, la intimidad y los derechos fundamentales de las víctimas, en particular mujeres, niñas, niños y adolescentes.

15 de agosto de 2025·13 min de lectura
Imagen: La Tercera
Referencial

El desarrollo de la inteligencia artificial (IA) ha transformado profundamente la forma en que vivimos y nos relacionamos con el entorno. Desde algoritmos de recomendación hasta asistentes virtuales que facilitan las tareas cotidianas, esta tecnología ha impactado múltiples dimensiones de la existencia humana. Sin embargo, no todos sus usos han estado alineados con principios éticos. Entre los más preocupantes se encuentra la creación de contenido falso mediante IA, más conocida como deepfakes, especialmente cuando se trata de imágenes o videos sexualizados de personas reales sin su consentimiento. Este fenómeno ha generado serios interrogantes éticos y jurídicos que requieren atención urgente. Así, surge un dilema complejo: ¿es posible regular herramientas tan poderosas sin frenar la innovación?

Desde el derecho penal, la cuestión adquiere una urgencia aún mayor. El uso de deepfakes con fines de acoso, suplantación o violencia simbólica desafía los marcos normativos tradicionales, que muchas veces no logran tipificar adecuadamente estas conductas. En muchos países aún no existe una respuesta jurídica específica dentro de sus sistemas legales, y aunque hay propuestas legislativas en discusión, no se han registrado avances significativos. Esta falta de acción institucional genera un escenario de impunidad, especialmente preocupante cuando las víctimas son mujeres o menores de edad, grupos históricamente vulnerables frente a las nuevas formas de violencia digital. De ahí la necesidad de revisar críticamente la legislación vigente e impulsar reformas que se ajusten a la complejidad del fenómeno, considerando el impacto psicoemocional que produce en sus víctimas, con consecuencias que se asemejan a las que sufren quienes han experimentado abuso sexual. Por ello, urge una intervención legal que reconozca esta práctica como una nueva forma de violencia y abuso.

Este ensayo se pregunta si el uso indebido de la inteligencia artificial para la creación de contenido sexual falso mediante deepfakes debe ser penalizado. La hipótesis que se sostiene es que la penalización no sólo es legítima e importante, sino absolutamente necesaria, pues la ausencia de una respuesta legal perpetúa la impunidad y la revictimización de quienes sufren estas agresiones. Además, se argumenta que dicha regulación debe contemplar una perspectiva de género, la protección de menores y los principios de justicia digital.

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