Cambio climático en gobiernos
La ecología climática se apropió de la agenda
No es posible para cualquier líder mundial, ignorar que el clima planetario se ha trastocado visiblemente, y tal vez, de manera definitiva con riesgos cada vez mayores si no se adoptan, de verdad, medidas de contención o de recuperación, efectivas, de mediano y largo plazo.

No sólo ha cambiado el clima en el mundo, un hecho más que comprobable, sino que igualmente, ha cambiado el clima político al respecto, incorporando más que antes los temas ambientales. Y ya era hora de que sucediera. No es posible para cualquier líder mundial, ignorar que el clima planetario se ha trastocado visiblemente, y tal vez, de manera definitiva con riesgos cada vez mayores si no se adoptan, de verdad, medidas de contención o de recuperación, efectivas, de mediano y largo plazo. Parece algo necesario y sobre todo oportuno, ya que ningún sector geográfico y ningún país, ha dejado de percibirlo y sufrirlo en mayor o menor medida. Para muchos hay amenazas ciertas y comprobables científicamente, como la deforestación en aumento, incendios forestales naturales o provocados, sequías persistentes, contaminación de aguas, polución ambiental peligrosa, desertificación, deshielos acelerados y aumento de los niveles marítimos, lluvias cada vez más escasas o violentas, y muchas otras demostraciones de que el clima mundial ha variado radicalmente. Y Chile no es una excepción.
Nuestra zona semidesértica, que hace menos de cincuenta años llegaba hasta La Serena, ahora alcanza a nuestra zona central, con Santiago incluido, y cualquiera lo puede comprobar sin ser meteorólogo o científico, con la consecuente merma en las precipitaciones y sus consecuencias naturales para el abastecimiento hídrico, de las personas, de la agricultura, o para la industria. Una nueva realidad que nos está pasando la cuenta, al menos por ahora y sin perspectivas concretas de que regresaremos a la normalidad que teníamos.
Por cierto, esta situación global ha encendido las alarmas internacionales y se vive un nuevo momento que exige tomar decisiones, no sólo el compromiso verdadero de los Estado traducido en medidas concretas, con el correspondiente cumplimiento de las variadas normas internacionales adoptadas, su necesaria adecuación en sus plazos y compromisos legales, y el consecuente seguimiento comprobable de los mismos. Por ello, han proliferado las iniciativas. Es el caso del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, que convocó un día antes de la Asamblea General, el 23 de septiembre, a una Cumbre Extraordinaria sobre el Cambio Climático, con vistas a alcanzar un compromiso ambicioso: reducir hasta un 45% los gases de efecto invernadero en diez años, y llevarlos al cero por ciento, el año 2050.



