Diario Constitucional

Vigilancia moral en redes

Persisten los incorrectos

Una ola de ira no contenida, incluso en países sin prácticas segregacionistas, se expandió por algunas semanas. Ha mermado, pero sigue latente.

20 de julio de 2020·5 min de lectura
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Referencial

En los últimos meses, se han instalado conductas ciudadanas vigilantes de una nueva corrección política y moral, en el ámbito interno de muchos países. Casos extremos de abusos policiales racistas, particularmente en Estados Unidos, han provocado amplias manifestaciones de repudio, seguidas de un fanático revisionismo de algunos personajes históricos, y su representación en estatuas y monumentos, muchos destruidos, denigrados, o trasladados a lugares seguros. De igual manera, cualquier acción u opinión no ajustada a esta corriente, es inmediatamente vilipendiada y atacada por inaceptable. Una ola de ira no contenida, incluso en países sin prácticas segregacionistas, se expandió por algunas semanas. Ha mermado, pero sigue latente.

Tantos extremos agresivos e insultantes, constantemente reflejados en los medios digitales, redes sociales, y plataformas de intercomunicación actuales, posiblemente han contribuido a estas reacciones. Constituyen una práctica común, en medio de la natural exacerbación individual, aumentada por las prolongadas medidas de confinamiento ante una pandemia, que avanza y retrocede, sin una cura real. La tensión resultante, extrema las reacciones de todo tipo, y se busca responsables, y en especial, a quienes irresponsablemente la desafían. Son de inmediato denunciados, si son autoridades estatales que, con gran rigor, se juzgan en lo que hacen o dejan de hacer durante la epidemia. Sus actos particulares, se dimensionan como si pusieran en peligro a toda la población de un país, y no fueren más que conductas torpes, faltas de criterio, que afectan a ellos mismos. Pero así estamos, extremadamente sensibilizados, y prontos a reaccionar con inusitada vehemencia.

No habría nada malo en ello, y por el contrario, podría interpretarse como una muestra de conciencia colectiva, inquisitiva, pero tal vez necesaria, en momentos de crisis planetaria con innumerables efectos perjudiciales, a menos que se traduzca por necesidad, en la solidaridad requerida. Tampoco hay señales de que suceda, y al contrario, algunas potencias mundiales van en sentido inverso, y aumentan su individualismo incorrecto. Utilizan las penosas circunstancias actuales en su favor, extienden su poder, aumentan el control sobre la población, y desafían a las demás. Total, en época de tantas restricciones por salubridad, no hay espacio para manifestar desacuerdos. Algunos casos pueden ser demostrativos.

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