Epistemología y prueba judicial
Sana crítica y verdad.
Pienso que esta comprensión de la relación entre sana crítica y verdad manifiesta una ingenuidad epistémica. Esa ingenuidad consiste en creer que es posible comparar enunciados lingüísticos con un trozo de realidad desnuda o no interpretada. En términos simples, la ingenuidad consiste en creer que el juez puede salirse del lenguaje.

El tema de estas líneas es la relación entre sana crítica y verdad. El tema que halla su origen en la afirmación de Marina Gascón Abellán de que la libre convicción[1] es una garantía epistemológica[2].
Esta “garantía” deriva de la oposición a la prueba legal, “al permitir al juzgador desligarse de cualquier valoración preconstituida”[3] y, por tanto, se reduce a una apertura a la posibilidad de averiguación de la verdad. Así dicho, parece una garantía más bien modesta, sin embargo, para otros juristas, la sana crítica no solo admite, sino que requiere que la valoración de las pruebas se dirija a la determinación de la verdad de los hechos[4].
Entonces, la sana crítica no solo se opone a la prueba legal, sino también a la íntima convicción o prueba en conciencia, en cuanto este modo de valoración de la prueba produce decisiones que nada tienen que ver con la determinación de la verdad[5].





