Diario Constitucional

Autoritarismo durante la pandemia

El mundo paralizado.

No ha sido casualidad de que en Rusia como en China, sus respectivos regímenes, durante y después del momento más álgido de la pandemia, hayan redoblado su control gubernamental, limitado las libertades, perseguido detractores, restringido la aplicación irrestricta de los derechos fundamentales, alejado toda posibilidad de ejercer la democracia, e institucionalizar de la manera más permanente posible, el poder estatal y líderes vigentes.

06 de junio de 2022·5 min de lectura
Imagen: Bitfinanzas.
Referencial

Hace tres años, todo parecía avanzar, sin éxitos notables ni hechos trascendentes y definitivos. Nada extraordinario e inusual dentro de las acostumbradas rivalidades entre las grandes potencias y sus intereses. Los demás países menos significativos, proseguían el logro de sus objetivos propios, apoyados por los más poderosos, o mediante alianzas creadas para contrarrestarlos. La tecnología, en múltiples campos, la ciencia, y las redes mundiales, por citar las más evidentes, progresaban y llegaban a lugares nunca imaginados, de manera todavía imperfecta, pero sostenida, creando nuevas oportunidades. Vale decir, las relaciones internacionales continuaban desarrollándose de la manera usual, con acuerdos y desacuerdos, que salvo casos de menor intensidad, no significaban crisis mundiales que no pudieran ser resueltas por el sistema internacional, creado precisamente para mantener el mundo en paz y seguridad.

Sin embargo todo cambió y de manera inesperada. Se expandió el Covid-19, iniciándose en uno de los actores principales: China, y todavía persisten incógnitas sobre su origen. La reacción mundial no se hizo esperar, a velocidad no acostumbrada aparecieron las vacunas, cuya eficacia y distribución, también pasaron a formar parte de la penetración política y de la competencia entre productores, sin que todavía tengamos seguridades sobre la recurrencia y alcance de las nuevas variantes de la pandemia. Lo que perdura como efecto generalizado, además de lo sanitario, son las consecuencias para el normal desenvolvimiento de todas las actividades interpersonales, y su impacto en la cadena productiva mundial. La vida de las personas y la del planeta se alteró, sin que sepamos por cuanto tiempo más ni cómo evolucionará. Sigue presente y el virus muta.

La lógica preocupación por la pandemia, concentró la atención universal, lo que ocultó algunas señales evidenciadas por las grandes potencias que se creyeron pasajeras, y que la emergencia sanitaria, una vez superada, todo volvería a como estaba antes. No fue así, al contrario, las necesarias restricciones a la salubridad de las poblaciones, permitió que los responsables incentivaran sus limitaciones sobre el control de la ciudadanía, y esta vez con claros objetivos políticos de alcance permanente. No ha sido casualidad de que en Rusia como en China, sus respectivos regímenes, durante y después del momento más álgido de la pandemia, hayan redoblado su control gubernamental, limitado las libertades, perseguido detractores, restringido la aplicación irrestricta de los derechos fundamentales, alejado toda posibilidad de ejercer la democracia, e institucionalizar de la manera más permanente posible, el poder estatal y líderes vigentes. Nada indica que sea una situación transitoria. Se afianza y prolonga sin plazos. Es posible que las señales existieran mucho antes y que la pandemia sólo facilitó su implementación. Poco importa en la actualidad, pues estamos ante hechos consumados.

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