Diario Constitucional

Enseñanza del derecho y emociones

Neuroeducación Jurídica: El docente como puente entre la emoción y la cognición

En tiempos de sobreestimulación digital y agotamiento emocional lograr una atención sostenida y significativa se convierte en un verdadero desafío pedagógico en la enseñanza del Derecho. Esta columna invita a repensar el rol docente como un puente neuroeducativo que integre emoción cognición para favorecer aprendizajes jurídicos más significativos, perdurables y humanos.

21 de octubre de 2025·13 min de lectura
Imagen: derecho.uncuyo.edu.ar
Referencial

Para Aristóteles,*“el hombre es el único animal que tiene palabra”.*Esa capacidad de razonar y deliberar sobre lo justo y lo injusto es lo que nos distingue del resto de los seres vivos. Para el filósofo, dicha facultad nos hacía superiores y, por tanto, merecedores de una especial atención[1]. Siglos más tarde, René Descartes, con su célebre frase “Pienso, luego existo”, inauguró el racionalismo moderno, al situar la razón en el centro de la existencia humana y convertirla en el fundamento de todo conocimiento.

Durante décadas, esta visión racionalista ha moldeado la enseñanza universitaria del Derecho, centrada en la razón, la memoria y una lógica deductiva, relegando la dimensión emocional a un segundo plano.

La carrera de Derecho ha sido, tradicionalmente, una de las más exigentes y emocionalmente demandantes. El tránsito desde el colegio a la universidad implica, en sí mismo, un cambio abrupto; especialmente durante los primeros años universitarios, los estudiantes se enfrentan a un entorno altamente competitivo, donde predomina una presión constante por rendir y destacar. Estos factores suelen traducirse en elevados niveles de estrés y ansiedad, e incluso en la aparición de síntomas depresivos, que alcanzan su punto más crítico en el temido examen de grado.

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