Diario Constitucional

Tensión rusia-occidente

Tambores de guerra.

La protección norteamericana se aprecia debilitada, luego de Afganistán. Centrada en temas internos y un Biden considerado vacilante y débil, que por nada, contemplaría acciones militares masivas en el este europeo. Sólo previendo más sanciones comerciales o bancarias, que serían perjudiciales para Rusia, aunque no lograren afectar gravemente a su seguridad ni hacer tambalear a Putin, dispuesto a resistirlas sin transar.

08 de febrero de 2022·6 min de lectura
Imagen: Converses a Catalunya.
Referencial

Muchos años que no se escuchaban en Europa, desde los conflictos entre las ex repúblicas yugoslavas (1991-2000). Confiados en el acuerdo de protección mutua de la Unión; el sistema de Seguridad Colectiva de la ONU; la OTAN; y el poderío norteamericano, la paz continental parecía garantizada, o al menos, reducida a amenazas menores. Considerar una confrontación en suelo europeo, entre Rusia y Estados Unidos, que involucrara sus fronteras orientales, era cosa del pasado o de análisis teóricos. La crisis en Ucrania muestra lo contrario, y cunde la incertidumbre y el temor, por sobre los esfuerzos de sus responsables, cada vez más inquietos.

Son múltiples las causas que han llevado a esta situación, y todas son válidas, algunas más evidentes que otras. Mencionaré sólo algunas sin ser las únicas. Rusia ya no es la superpotencia de la guerra fría, aunque mantenga su inmenso poderío militar y de misiles nucleares. Ha sido desplazada por China. Enfrenta problemas, se encuentra sancionada y algunos países las aplican. Exporta gas a Europa, comercia e invierte en la Unión, crea ricos ostentosos, si bien presenta debilidades económicas básicas, dada su extensión territorial. Putin ha logrado eternizarse sin adversarios, y contrarresta a occidente utilizando presiones, reeditando las prácticas soviéticas que fueron tan útiles hasta su disolución, para recuperar su protagonismo mundial.

Algunas repúblicas de la antigua URSS, vecinas con Europa, están en la OTAN, y Rusia reclama que atentan a su seguridad. Bielorrusia la controla, pero no así Ucrania que mira a occidente que la seduce. Inaceptable para Putin que ve amenazado su régimen y objetivos. Recuperó Crimea el 2014, su salida expedita desde el Mar Negro al Mediterráneo, sólo con algunas sanciones voluntarias, y costos económicos. Ahora pretende decidir por Ucrania que la considera históricamente propia, cuyo líder Viktor Yushchenko se opone. Alienta separatismos en su frontera contigua oriental (Dombás), despliega más de cien mil efectivos, que no han ido de paseo para ser retirados sin obtener nada a cambio y militariza la obediente Bielorrusia. Aunque diga lo contrario, presiona y amenaza inequívocamente. Tal vez busque un incidente, o lo fabrique, según se denuncia, o actúe cibernéticamente. Impone condiciones a sabiendas que Europa no las aceptará, y menos la OTAN, como impedir que Ucrania la integre. Ambas partes consideran seriamente amenazada su seguridad recíproca, sin concesiones. Una pugna de gran alcance.

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