Diario Constitucional

Ética y ejercicio profesional

Los diez mandamientos que Couture legó a los abogados

Estudiar permanentemente, pensar el Derecho, trabajar al servicio de causas justas, luchar por la justicia y actuar con lealtad son algunos de los principios que el jurista uruguayo Eduardo Juan Couture Etcheverry reunió en su conocida obra Los mandamientos del abogado, un decálogo concebido…

Por Redacción·17 de agosto de 2026·4 min de lectura
Los diez mandamientos que Couture legó a los abogados
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Estudiar permanentemente, pensar el Derecho, trabajar al servicio de causas justas, luchar por la justicia y actuar con lealtad son algunos de los principios que el jurista uruguayo Eduardo Juan Couture Etcheverry reunió en su conocida obra Los mandamientos del abogado, un decálogo concebido como orientación ética y profesional para quienes ejercen la abogacía y cuyo contenido continúa siendo recordado décadas después de su publicación.

Couture fue uno de los juristas uruguayos e iberoamericanos más destacados del siglo XX. Aunque falleció en 1956, su legado mantiene vigencia, especialmente por su extensa producción jurídica, reconocida internacionalmente y centrada principalmente en el Derecho Procesal Civil, disciplina en la que alcanzó especial reconocimiento académico.

Su trayectoria fue distinguida también fuera de las aulas y de la práctica jurídica. El Ministerio de Instrucción Pública de Uruguay le concedió la Medalla de Oro, considerada la máxima recompensa oficial a la cultura. Ese mismo año, la República de los Estados Unidos del Brasil le otorgó el grado de Comendador de la Ordem Nacional do Cruzeiro do Sul. Posteriormente, en 1951, Francia lo nombró Caballero de la Legión de Honor.

Sin embargo, una de las obras por las que más se recuerda al jurista es Los mandamientos del abogado, en la que formuló diez principios dirigidos a orientar el ejercicio profesional. Más que obligaciones en sentido jurídico, se trata de consejos construidos a partir de su experiencia y de su concepción acerca del papel que debe desempeñar un abogado frente al Derecho, la justicia, sus clientes, los adversarios y los tribunales.

El primero de ellos es “Estudia”. Couture parte de la idea de que el Derecho se encuentra en permanente transformación y que el abogado que deja de seguir esa evolución pierde progresivamente capacidad para ejercer adecuadamente su profesión. La formación jurídica, por tanto, no termina con la obtención de un título, sino que exige actualización constante.

El segundo mandamiento es “Piensa”. Para el jurista, el Derecho puede aprenderse mediante el estudio, pero su ejercicio requiere razonamiento. El conocimiento de las normas constituye solamente el punto de partida, pues la práctica profesional obliga a interpretar, relacionar antecedentes y encontrar soluciones jurídicas frente a problemas concretos.

El tercero es “Trabaja”. Couture concebía la abogacía como una labor exigente, marcada por un esfuerzo constante puesto al servicio de las causas que se consideran justas. De esta manera, el ejercicio de la profesión supone dedicación y responsabilidad frente a los asuntos confiados al abogado.

El cuarto principio es “Lucha”. El deber del abogado, plantea, consiste en defender el Derecho. Sin embargo, cuando se produce una contradicción entre la aplicación del Derecho y aquello que considera justo, su orientación debe dirigirse hacia la justicia. El mandamiento refleja así la importancia que Couture atribuía a la dimensión ética del ejercicio profesional.

El quinto mandamiento es “Sé leal”, principio que extiende a todos los actores que participan en un conflicto jurídico. El abogado debe mantener lealtad hacia su cliente y no abandonarlo mientras no llegue a la convicción de que resulta indigno de su defensa; también debe actuar lealmente frente al adversario, incluso cuando éste no proceda de la misma manera, y frente al juez, quien desconoce los hechos y debe confiar en la información y los argumentos jurídicos que las partes presentan ante el tribunal.

El sexto principio es “Tolera”. Couture invita al abogado a reconocer y respetar la verdad sostenida por otros en la misma medida en que espera que sus propias posiciones sean consideradas. El ejercicio profesional supone confrontación de argumentos, pero esa discrepancia no debe impedir el respeto por las opiniones y planteamientos ajenos.

El séptimo mandamiento es “Ten paciencia”. El jurista destaca con ello la importancia del tiempo dentro del Derecho y advierte sobre las consecuencias de pretender apresurar procesos o decisiones que requieren maduración. En su concepción, el tiempo termina imponiéndose frente a aquello que se realiza sin atender a su necesaria intervención.

El octavo es “Ten fe”. Couture propone confiar en el Derecho como instrumento para hacer posible la convivencia humana; en la justicia, como destino natural del orden jurídico; y en la paz, como una forma superior de resolver los conflictos. Sobre todo, llama a mantener la fe en la libertad, pues entiende que sin ella no pueden existir plenamente el Derecho, la justicia ni la paz.

El noveno mandamiento es “Olvida”. La abogacía, señala, supone una permanente confrontación de intereses y pasiones. Si después de cada litigio el profesional conserva resentimientos o rencores, llegará un momento en que esa carga hará imposible su vida. Una vez terminado el conflicto, aconseja dejar atrás tanto las victorias como las derrotas y continuar con el ejercicio profesional sin convertir los enfrentamientos judiciales en disputas personales.

Finalmente, el décimo principio es “Ama tu profesión”. Couture invita a ejercer la abogacía de tal manera que, llegado el momento de aconsejar a un hijo respecto de su futuro, el abogado pueda considerar un honor recomendarle seguir el mismo camino profesional.

Los diez mandamientos formulados por Eduardo Couture son, de este modo, el resultado de una extensa trayectoria dedicada al Derecho y a la abogacía. Estudio permanente, reflexión, trabajo, defensa de la justicia, lealtad, tolerancia, paciencia, confianza en el Derecho y la libertad, capacidad de dejar atrás los conflictos y valoración de la propia profesión integran un decálogo que busca recordar que el ejercicio de la abogacía no depende únicamente del conocimiento jurídico, sino también de la conducta ética y del compromiso de quienes la ejercen.

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