Cartas al director wait — the
La tormentosa historia con Argentina no ha terminado
Las recientes declaraciones de autoridades argentinas sobre el Estrecho de Magallanes reabren, a juicio del autor, una preocupación histórica en torno a la seguridad territorial de Chile. Si bien destaca la vigencia de los tratados que reconocen la soberanía chilena y la necesidad de privilegiar la diplomacia, sostiene que el país debe complementar esa vía con una defensa nacional moderna, preparada y disuasiva, capaz de resguardar sus fronteras frente a los desafíos de la guerra contemporánea.

La historia de las relaciones entre Chile y Argentina tiene mucho de fraternidad, pero también de una larga lista de desencuentros territoriales. Laguna del Desierto, Alto Palena y, especialmente, la controversia del Beagle, son capítulos que nos recuerdan que nuestras fronteras no siempre fueron una cuestión pacífica ni exenta de riesgos.
Hoy aparece un nuevo episodio. Durante los últimos meses, distintas autoridades argentinas han realizado declaraciones que han puesto sobre la mesa el Estrecho de Magallanes y el extremo austral. El episodio no es menor, pues el Estrecho pertenece íntegramente a Chile, cuestión reconocida por los tratados de 1881 y de Paz y Amistad de 1984. El Gobierno de Chile hizo bien en presentar una nota de protesta y manifestar el descontento a las autoridades trasandinas.
Lo cierto es que con posteriormente el Gobierno argentino reafirmó la vigencia de aquellos tratados y que incluso otras autoridades argentinas han reconocido expresamente la soberanía chilena sobre el Estrecho. Pero precisamente por eso debemos mantener la serenidad sin caer en la ingenuidad. La experiencia histórica aconseja que Chile nunca debe dar por descontada su seguridad territorial.
La diplomacia debe ser siempre la primera herramienta. Las notas de protesta, las consultas formales y, si las circunstancias lo ameritan, el llamado a nuestro embajador para que solicite explicaciones son instrumentos legítimos de la política exterior. La amistad entre dos pueblos no significa aceptar silenciosamente declaraciones que puedan afectar nuestros intereses nacionales.
Pero junto con la diplomacia debe existir una defensa nacional preparada. La experiencia de Ucrania ha demostrado al mundo que ningún Estado puede permitirse descuidar durante años sus capacidades militares bajo la ilusión de que los conflictos armados pertenecen al pasado. La guerra moderna exige fuerzas armadas preparadas, tecnología, inteligencia, drones, defensa antiaérea, guerra electrónica, capacidad logística y, sobre todo, una adecuada disuasión.
No debemos buscar una carrera armamentista ni un enfrentamiento con Argentina, todo lo contrario, porque queremos la paz, debemos estar preparados para defenderla. La defensa nacional no es una política de guerra, sino una política de prevención.
Por eso, este nuevo episodio debe servir como advertencia. Chile debe fortalecer y modernizar sus Fuerzas Armadas conforme a las exigencias de la guerra contemporánea, sin complejos y sin demagogia. Nuestra historia nos enseña que las fronteras se defienden primero mediante el derecho y la diplomacia, pero también mediante la capacidad real de hacer respetar aquello que el derecho reconoce.
Con Argentina debemos seguir siendo vecinos, socios y pueblos hermanos, pero la fraternidad no puede significar olvidar nuestra historia, la tormentosa historia de nuestras relaciones fronterizas nos enseña precisamente eso: la paz se construye con diplomacia, pero se sostiene también con fortaleza.
Elio Segovia Olave
Abogado, Magister en Derecho LLM
Doctorando en Derecho
Universidad Autónoma de Chile
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