Libertad condicional más exigente
Ley 21.627 que modifica diversos cuerpos legales para establecer mayores exigencias para la obtención de la libertad condicional. Algo quedó en el tintero.
Recordando la frase que el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones, estimamos que la reforma introduce a la víctima con un derecho a ser oída que no se sabe muy bien qué consecuencias podrá acarrear en la praxis, si lo que sostenga no sea acogido por quienes resuelven en definitiva. Por ejemplo, ¿podrá recurrir de protección, alegando amenaza a derechos como la integridad física, psíquica, u otros? ¿Podrá recurrir? Eso es un misterio, y tendrá que ser dilucidado una vez en aplicación. Pero es claro que se abre espacio a más problemas que soluciones.

Publicada el 9 de noviembre pasado la citada ley introduce una serie de modificaciones, algunas de ellas relativas a un nuevo derecho que se le asigna a las víctimas que, más allá de las buenas intenciones, puede generar más problemas que soluciones, en un contexto en dónde la concesión de libertades condicionales ya es sumamente restrictivo (no más de un 6% prospera), más allá de los eslóganes o afirmaciones populistas sin sustento y en dónde se sigue sobrecargando a los jueces de garantía, perdiendo la oportunidad de crear jueces de ejecución.
Algunas de estas modificaciones que se introducen:
- Art. 1.- Introdúcense las siguientes modificaciones en el decreto Ley Nº 321, de 1925, que establece la libertad condicional para las personas condenadas a penas privativas de libertad (en lo ligado al nuevo derecho de las víctimas):




