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Opinión.

Bajo la sombra de la congestión: El arbitraje como solución al colapso del sistema judicial en Chile, por Claudia Ramírez.

En Chile, el sistema judicial enfrenta una congestión significativa y una necesidad urgente de celeridad en la resolución de conflictos. El arbitraje emerge como una herramienta subutilizada con un potencial transformador considerable. Esta columna examina las ventajas del arbitraje, incluyendo su agilidad, especialización y confidencialidad, que lo convierten en una alternativa eficaz a la justicia ordinaria. A pesar de sus beneficios, el arbitraje en Chile enfrenta obstáculos como los altos costos y la falta de conocimiento y formación en el ámbito académico y profesional.

Por Claudia Ramírez·19 de junio de 2024·5 min de lectura
Imagen: legaltoday.com
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En medio de los desafíos que enfrenta el sistema judicial chileno, el arbitraje emerge como una herramienta subutilizada pero potencialmente transformadora. Ahora bien, en un país donde la congestión judicial es una realidad latente y la celeridad en la resolución de conflictos una necesidad apremiante, ya estamos en horas de reconocer el verdadero valor y desbloquear su potencial para beneficiar a la sociedad chilena en su conjunto.

Sin embargo, la respuesta, a mi parecer, se vislumbra, ya que, si se profundiza y fomenta adecuadamente en las universidades el uso del arbitraje, se abriría un mundo de posibilidades en términos de eficiencia y agilidad en la resolución de disputas. Imaginemos un escenario donde las partes involucradas en un conflicto pueden optar por un proceso arbitral: i) Ágil, dado que la resolución de conflictos a través del arbitraje es considerablemente más rápida que recurrir a la justicia ordinaria. Esto se debe a que un árbitro se enfoca únicamente en un caso por resolver, a diferencia de un juez de un tribunal ordinario, quien enfrenta una carga de trabajo considerablemente mayor1; ii) Especializado, puesto que las partes tienen la oportunidad de elegir árbitros expertos en la materia en disputa, es decir, un árbitro con mayor preparación; y por último iii) Confidencial, debido a que las partes podrían prevenir que su disputa sea expuesta al público o que se divulgue información que, por su relevancia comercial, requiere cierto nivel de protección2. Todos estos aspectos son fundamentales para evitar quedar atrapados durante años en un sistema judicial sobrecargado. Esta sobrecarga puede surgir por diversas razones, pero una de las principales e innegables fue la pandemia. La suspensión de actividades judiciales y la necesaria pero intuitiva adaptación del poder judicial a nuevas modalidades fueron parte de esta situación. Además, los retrasos en los procedimientos, que suelen ser largos y complejos, contribuyeron a la acumulación de casos y agravando la situación.

Ahora bien, analizando esta cuestión, es imperativo considerar que los contratos tienen una inequívoca finalidad de cumplimiento, es por eso que en el arbitraje esta cláusula es comúnmente conocida como la “Cláusula de la medianoche” ya que es lo que siempre se ve al final del contrato y entra la cuestión en debate, de si someter las eventuales controversias a la jurisdicción ordinaria o someterse a arbitraje3.

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