Rechazo a dos extremos
El doble rechazo: Cuando maximalizar es una estrategia evolutivamente estable
Chile rechazó dos propuestas constitucionales opuestas en menos de dos años: primero una de izquierda maximalista en 2022 y luego una de derecha maximalista en 2023. Ambos fracasos, lejos de ser accidentes, reflejan un patrón predecible desde la teoría de juegos: los actores jugaron racionalmente dentro de reglas que premiaban la radicalización, mientras el centro político permaneció ausente. El doble rechazo consolidó la Constitución de 1980 y deja pendiente la pregunta clave: cómo diseñar un proceso que haga cooperar en lugar de maximizar.

I. El enigma del fracaso simétrico
En septiembre de 2022, Chile rechazó una propuesta constitucional «demasiado de izquierda». Quince meses después, rechazó otra «demasiado de derecha». La primera cayó con 61.86% de rechazo; la segunda con 55.76%. Ambas herederas del mismo plebiscito de entrada donde el 78.27% de los chilenos votó por cambiar la Constitución de 1980.
¿Cómo explicar que dos propuestas opuestas, surgidas del mismo mandato popular, fracasaran en secuencia? La respuesta convencional apela al «péndulo político»: la Convención Constitucional se fue al extremo progresista, el Consejo Constitucional al conservador, y la ciudadanía castigó ambos excesos buscando un centro que nadie ofreció. Narrativa tranquilizadora. Falsa.





