Violencia vicaria y daño infantil
La violencia de género y sus cicatrices invisibles en la infancia
La columna aborda el impacto de la violencia de género en la infancia, destacando a los NNA como víctimas directas de un fenómeno históricamente invisibilizado. A partir del derecho comparado y la nueva Ley N°21.675, se analiza la incorporación del concepto de violencia vicaria en Chile y los desafíos pendientes en su aplicación. El texto enfatiza la necesidad de un enfoque jurídico integral que articule la protección de mujeres e hijos como un mismo deber del Estado.

La niñez: víctimas invisibles de la violencia de género
Cuando se habla de violencia de género, la atención suele centrarse en la mujer víctima directa. Sin embargo, los hijos e hijas que viven en ese entorno son también víctimas, aunque muchas veces invisibilizadas. Como ha señalado la jueza Francisca Verdejo, especializada en causas de violencia machista, “los hijos siempre son víctimas indirectas de la violencia de género”. De hecho, la nueva legislación chilena reconoce explícitamente esta realidad: la Ley N°21.675 –recientemente publicada– establece que también constituye violencia de género aquella ejercida contra niñas, niños o adolescentes con el objeto de dañar a sus madres o cuidadoras. Con ello, se rompe la noción tradicional de que los menores son meros “testigos”. Por el contrario, hoy se les considera víctimas, y no solo testigos, de la violencia de género. Este avance legal va de la mano con la evidencia psicológica de que la exposición a la violencia doméstica afecta gravemente a los menores, aun cuando no reciban golpes directamente.
Diversos estudios muestran que muchos niños expuestos a la violencia doméstica sufren también abuso físico u otras formas de maltrato. En palabras sencillas, un hogar donde se maltrata a la madre difícilmente es un lugar seguro para sus hijos. Ya sea que presencien agresiones, escuchen insultos o vivan el clima de terror constante, los niños absorben ese trauma. Sus mentes jóvenes están formando la comprensión del mundo y de las relaciones, y lo hacen en un ambiente distorsionado por el miedo. Por ello, organismos internacionales como UNICEF insisten en que la violencia en el hogar vulnera gravemente los derechos de niños y niñas, afectando su desarrollo integral. La Convención sobre los Derechos del Niño otorga a los adultos el rol de cuidadores y guías, “pero nunca con violencia”. Cuando esa línea se cruza, los menores quedan desprotegidos por quienes deberían protegerlos, generando una contradicción devastadora en su crecimiento.[1]
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