Diario Constitucional

Desarrollo acelerado de vacunas

¿Oportunidad o desastre?

No será de extrañar, como ya se ha advertido por los científicos, que el proceso de investigación y comprobación, buscará ser mucho más corto que los habituales, que por lo general requieren de varios años. Esta vez, por la presión internacional, podría obtenerse en un año o algo más.

16 de marzo de 2020·5 min de lectura
Imagen: theguardian.com
Referencial

No son tiempos fáciles para el mundo. A un aumento de las diferencias y conflictos de todo tipo, que distancian los países, ahora se suma la pandemia global del Covid19, de incalculables consecuencias, tanto inmediatas como de mediano plazo, y hasta que se descubra, pruebe su eficacia, y logre llegar a la población afectada, el antídoto o vacuna que la contenga, la cure, y erradique eficazmente. En algún momento sucederá, ya que es un desafío que cualquier investigación o laboratorio científico moderno, no puede eludir, por su urgencia y extraordinaria necesidad; añadida a la inédita ventaja comercial para quienes la patenten y distribuyan, precisamente, por la dimensión mundial alcanzada por la enfermedad. No será de extrañar, como ya se ha advertido por los científicos, que el proceso de investigación y comprobación, buscará ser mucho más corto que los habituales, que por lo general requieren de varios años. Esta vez, por la presión internacional, podría obtenerse en un año o algo más. Resulta lógico planteárselo, dado que se procurará ir directamente a los resultados, sin el correspondiente período de comprobación acuciosa, acierto y error, que han caracterizado previos descubrimientos, preventivos o curativos. Paralelamente, habrá que contemplar las ayudas económicas correspondientes, para que dicha cura, resulte accesible masivamente, y no sólo a unos pocos.

Todo lo anterior es meramente especulativo, ya que falta el elemento esencial: alguna certeza científica en la que podamos basarnos. No obstante, la inmensa maquinaria especializada en las infecciones, ya está en marcha acelerada. Es de esperar que pronto tengamos resultados, el planeta y sus habitantes, lo necesitan. La altísima propagación sumamente rápida, y la alarmante tasa de mortalidad comprobada, unida al virus, ha creado el correspondiente temor, amplificado por un planeta interconectado e informado al instante. No son de descartar algunas expresiones de pánico o de sobredimensión de lo que ocurre. Constituyen realidades en todo orden de cosas, inocentemente o en forma deliberada, como no es raro dentro del que podríamos calificar, como el mundo electrónico y sus particularidades.

Eso sí, no es el único desafío global que debemos atender, y con consecuencias directas para la vida de todos. Se ha priorizado, como es natural, el evitar o restringir al mínimo, el contacto personal sobre la base de que el virus tiene una altísima transmisibilidad, más por dicha causal que por su presencia en el medio ambiente. Así se nos ha informado. En consecuencia, no deberíamos tocarnos, ni siquiera en un saludo habitual, y mucho menos si se practica mediante abrazos, besos, o cualquier unión de la piel. Vale decir, un cambio sumamente drástico en que todas las expresiones de cortesía, amistad, afecto, y ni que decir, de amor, quedan prohibidas so pena de contagio. No sólo tales hábitos sociales resultan ahora peligrosos, pues el roce con cualquier superficie que algún infectado haya podido acceder, sería equivalente.

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