Diario Constitucional

Crisis del sistema internacional

Un año desarticulado.

El daño ya está hecho, y se puede constatar ya que no faltan los imitadores, ante la paralización del sistema internacional. Posiblemente ésta sea su consecuencia más grave y riesgosa para el resto del mundo. Un sistema ineficaz e impracticable, resulta tentador para quienes no lo respaldan y desean imponer sus propias reglas, por sobre las existentes. Se aprecia en la relación cada vez más tensa e infructuosa entre las tres Grandes Potencias y sus líderes, enemistados y sin mayores contactos, intentando ganar posiciones, frente a una Unión Europea disminuida. Resulta cotidiano y los medios lo

02 de enero de 2023·6 min de lectura
Imagen: nuevatribuna.es
Referencial

Para quienes intentamos observar y, temerariamente, analizar los asuntos mundiales, el año reciente ha estado pleno de hechos y acontecimientos que nos dejan una inquietante sensación de que en gran medida, mucho ha cambiado. No ha sido súbito, ni tampoco espontáneo. Se fueron encubando poco a poco, y hoy nos impactan bruscamente. Por casi ochenta años se acordó un sistema que se creía capaz de afrontar las recurrentes crisis, que los países porfiadamente provocan, como ha sido habitual en la historia. Eso sí, más preparados que antes, con las experiencias de los horrores bélicos del siglo pasado. Las disciplinas que inciden en éste ámbito, como las relaciones internacionales, el derecho, los organismos, las políticas exteriores, o la diplomacia, entre otros, se fueron alineando y relacionando trabajosamente entre sí, para dar al mundo una mayor garantía de mantenimiento de la paz y seguridad, tan necesarias. Bien sabemos que sin ellas, ningún avance tecnológico ni el desarrollo de los países, pueden prosperar. Las guerras reducen todo al primitivo dilema de ser victoriosos, o derrotados, y ambas alternativas, a condición de sobrevivir. No obstante, la característica predominante del año que terminó, ha sido la creciente confrontación entre muchos de sus actores.

Según antecedentes de que dispone las Naciones Unidas, al menos subsisten una veintena de conflictos propiamente tales, algunos de baja intensidad, que los medios de comunicación raramente aluden, y que muy pocos podrían identificar. El sistema creado, con todas sus imperfecciones, tenía la posibilidad de prevenirlos, contenerlos, reducir sus potencialidades, y en no pocos casos, solucionarlos pacíficamente, instando u obligando a sus actores a obedecer la acción de Naciones Unidas, y de sus principales responsables permanentes en el Consejo de Seguridad, con la puesta en marcha de la seguridad colectiva, es decir, con la participación activa del resto de los Estados no involucrados directamente. El reciente año ha mostrado una realidad diferente, con el emblemático caso de la deliberada agresión rusa a Ucrania, que se intensifica y se contrae, pero que ya perdura por más de diez meses, sin solución visible.

Todas las guerras son destructivas, con innumerables víctimas tanto militares como de civiles inocentes, destrucciones sistemáticas de ciudades e infraestructuras, costos imposibles de cuantificar, y muchas otras consecuencias nefastas para una comunidad de naciones fatalmente interrelacionada, que arriesga retroceder décadas. Y podríamos añadir, aquellos resultados que afectan al planeta y su medio ambiente; aunque sus tan activos defensores, que tanto se escandalizan, y con razón, del calentamiento global y otros perjuicios, ni siquiera las mencionan. Una batalla destruye el ecosistema, en tierra, mares y aire, mucho más que muchas fábricas contaminantes, y a veces de manera definitiva. Como asimismo, los temibles incendios forestales, provocados o por negligencia, aceptados como inevitables.

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