Imparcialidad en la Corte Suprema
No se oye padre
Persisten los cuestionamientos a la imparcialidad de la Corte Suprema en causas de derechos humanos, mientras se denuncian prácticas sistemáticas de prevaricación, persecución judicial y negación de beneficios a procesados de edad avanzada o con enfermedades terminales.

Esta antigua frase, comúnmente empleada para zaherir a quienes gustan de “hacerse los sordos”, es la que viene a mi mente, cada vez que leo un nuevo llamado a la Corte Suprema, y a su segunda sala en particular, para aplicar las leyes vigentes en las causas por derechos humanos.
Inútiles han sido los diversos libros publicados por el abogado Adolfo Paúl, donde se refiere especialmente a la prevaricación que cometen sin arrugarse.
Tampoco parecen producir efecto las cartas que llaman a aplicar justicia con humanidad, en especial respecto a procesados de avanzada edad y que padecen graves patologías y que son enviados a atochados penales, que carecen de recursos para darles el cuidado que les corresponde, para cumplir condenas por lo que les resta de vida.
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