Agencias anticorrupción fracasadas
Agencia Anti-Corrupción en la Constitución: La insólita inclusión de una política pública fracasada a nivel comparado.
Se analiza la inclusión de una "Agencia Contra la Corrupción" (ACA) en la nueva propuesta de Constitución, destacando su historial de fracasos a nivel mundial. Aunque iniciativas similares en Singapur (1960) y Hong Kong (1974) lograron éxitos iniciales, la mayoría de las ACAs en otros países no han reducido la corrupción y pueden ser usadas contra opositores políticos. En el contexto chileno, se cuestiona la necesidad de una ACA, ya que el país no enfrenta una crisis de corrupción desbordada. Finalmente, se argumenta la incoherencia de incluir una ACA para coordinar lucha anticorrupción cuando

Hace algunas semanas hemos conocido el texto final de la propuesta de nueva Constitución. Una de las novedades agregadas por el Consejo Constitucional es la creación de la “Agencia Contra la Corrupción” (artículos 8° y 5° transitorio del proyecto), que liderará a los diversos actores estatales en la lucha contra la corrupción. Mas allá de las legítimas preocupaciones sobre la corrupción de los consejeros constitucionales, las denominadas “Agencias Anti-corrupción” (en inglés Anti-Corrupción Agencies o ACAs) han sido un sonado fracaso a nivel comparado.
Conceptualmente, las ACAs son organismos independientes que tienen como responsabilidad principal perseguir las infracciones de corrupción. Su tarea secundaria es educar a los ciudadanos y funcionarios sobre esta materia. Las primeras agencias anticorrupción se crearon en Singapur (1960) y Hong Kong (1974). La idea en la que se basaban las ACAs originales era que, en entornos donde los órganos de persecución penal tradicionales eran extremadamente corruptos, no era posible realizar cambios desde dentro del sistema. Por lo tanto, era necesario nuevos organismos para luchar contra la corrupción desde afuera. Así, en medio de océanos de corrupción, las ACAs eran consideradas como «islas de integridad», y en teoría permitían que los países pudieran luchar contra la corrupción, pero sin tener que lidiar en el intertanto con el problema de limpiar los antiguos organismos encargados de hacer cumplir la ley.
El éxito inicial de las dos primeras ACAs fue enviar señales potentes durante sus primeros años de existencia. Éstas tenían potestad para detener a sospechosos y desplegar técnicas de investigación intrusivas, como escuchas telefónicas y acceso a registros bancarios. Así, realizaron numerosos arrestos y condenas por corrupción, enviando el mensaje de que la corrupción no sería tolerada. Un mensaje de choque tipo “big-bang”, en lugar de una aproximación gradual.
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