Artículos de Opinión

El caso Rojas Vade. La encrucijada.

En términos personales su actitud es un tremendo error, y deberá cargar en su conciencia con los efectos de su actuación. En la historia, su nombre quedó irremediablemente dañado. En términos jurídicos, su actitud es posible de ser calificada de delito y están activadas las instancias pertinentes para determinarlo.

Lo sucedido con el convencional Rodrigo Rojas Vade ha provocado profundo estupor y decepción. El mentir sobre su enfermedad y usarlo como pretexto para salir elegido convencional decepcionó a muchos y ha generado un grave daño al prestigio de la Convención.

En términos personales su actitud es un tremendo error, y deberá cargar en su conciencia con los efectos de su actuación. En la historia, su nombre quedó irremediablemente dañado. En términos jurídicos, su actitud es posible de ser calificada de delito y están activadas las instancias pertinentes para determinarlo.

En términos políticos, lo sucedido es de mayor gravedad y es un tremendo tropiezo. La actuación de la Convención se produce en época de trastornos institucionales y de desconfianza de todo lo relativo a la política. Lo que se buscaba era dar un nuevo aire a la actividad y renovarla partiendo por la norma más importante del país. Se necesitaba no solo de gente bien intencionada y capaz, sino también de personas que comprendieran la importancia de su función y que estuvieran a la altura de las circunstancias.

En una situación como la actual, cualquier problema más allá de la legítima controversia y discusión, es grave para la función de la Convención. Estos son procesos muy delicados y que toman tiempo y están sometidos a muchas incidencias, por lo cual el viaje debe ser hecho de la manera más regular posible.

Las personas comunes no tenemos una visión detallada de la historia, generalmente nos quedamos con la impartida en el colegio, plagada de fechas y nombres, con resultados a la vista, como si fuera una novela o una película. En cambio, los historiadores profesionales conocen todos los detalles y los intersticios, saben las incidencias y los efectos que se produjeron o que podrían haberse producido. Muchas veces se percatan de algo que sucedió y que estuvo a punto de no suceder, o bien, de algo que terminó siendo un éxito y que estuvo a punto de no serlo o viceversa. Ahora todos nosotros estamos siendo testigos de esa historia en detalle.

El acontecer político en nuestro país tiene tres bestias negras, tres ideas que pudieron funcionar y fallaron por diversos motivos. La primera fue el federalismo, una forma de Estado totalmente ajena a nuestra tradición que trató de ser implantada entre 1826 y 1827, en un país un inmaduro políticamente y que fracasó de forma estruendosa. Después, vino el pseudoparlamentarismo entre 1891 y 1925, un sistema que se aplicó mal y sin ninguna institucionalización en el ordenamiento constitucional e incumpliendo los estándares mínimos del modelo de gobierno. También trajo consecuencias nefastas para el país.

La tercera bestia negra es el principio de subsidiariedad, una idea interesante, muy rica y llena de matices y variantes, que se aplicó en su forma negativa, abstencionista y para favorecer un sistema económico interesante en su peor versión. Lo que vivimos ahora es parte de su fracaso.

Ahora estamos ante el riesgo de agregar al elenco la cuarta bestia negra: la asamblea constituyente (convención constitucional) como forma de elaborar una Constitución. Era una figura que ya venía cuestionada por la experiencia de otros países (Venezuela), al punto que se le cambió de nombre, para evitar cualquier parecido. Ya lo había advertido Alessandri para la Constitución de 1925 y algunos se lo reprochan hasta hoy. Los actuales hechos parecen darle la razón, ya que vemos como la institución está en crisis.

Fuera del trabajo principal de la Convención y el producto que de allí surja, es importante algo que se les ha olvidado a muchos convencionales: el prestigio. Por cierto, me refiero a PRESTIGIO y no a imagen. Ésta es transitoria y voluble, aquella es permanente y cuesta crearla. El prestigio se cimenta tanto en la capacidad personal como en la excelencia cumplimiento de sus funciones.

Hay otra razón para la trascendencia de su labor: lo que hagan quedará de ejemplo en la historia. Así como la primera representación de un personaje en el teatro, el cine o la televisión y la excelencia en el desempeño de ese actor o actriz, marcan el estándar interpretativo y son la medida para todos los que después asuman ese rol, la labor de los convencionales y de la Convención será un ejemplo para todos los que, más adelante, deban asumir funciones similares. Por eso, además del éxito en su objetivo, es imprescindible que la Convención tenga un buen desempeño.

Tenemos actualmente una paradoja: estamos ante quizá, la mayor cantidad y calidad de expertos en derecho constitucional que se aprestan, como convencionales o asesores, a redactar una nueva Constitución. Además, se está elaborando por el procedimiento ideal que siempre se ha predicado, consistente en la participación del pueblo a través de representantes. Sin embargo, estamos enfrentando graves problemas.

Será un error histórico de consecuencias duraderas el desperdiciar esta oportunidad. Si no se aprovecha, el país llegará de nuevo a la situación previa al 15 de noviembre de 2019: un marco constitucional que estaba rebasado y que había que intervenir. En ese caso, habrá que modificar la Constitución del 80 y todo lo efectuado en pos de la Convención Constitucional habrá sido tiempo y recursos perdidos.

Si todos los involucrados no adecuan su conducta a lo que se aspira, sin duda, la Convención Constitucional se convertirá en la cuarta bestia negra de nuestra historia constitucional. (Santiago, 20 septiembre 2021)

 

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