Tráfico de drogas y criminalidad
Duele la criminalidad.
Las economías ligadas a las drogas ilícitas aceleran los conflictos, incrementan los abusos de los derechos humanos, la impunidad y la devastación medioambiental. Supone que la sociedad en general y los pueblos indígenas están sufriendo, además de sus tierras productivas, la contaminación con mercurio de sus ríos, el despojo de sus tierras colectivas, y para los pequeños, medianos y grandes empresas la proscripción de sus derechos a la propiedad privada.

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en su informe de 2022, da cuenta que en África y América Latina personas menores de 35 años representan el mayor segmento relacionado con el consumo de drogas, porque la tendencia a producir droga se ha incrementado en la última década.
El informe estima que, a nivel global, 11,2 millones de personas se inyectan drogas y reciben tratamientos por los trastornos físicos y psiquiátricos que afectan a su salud. Alrededor de la mitad de esta población viven con hepatitis C, 1,4 millones con VIH y 1,2 millones con ambas patologías.
El organismo mundial destaca que hay que mejorar los conocimientos sobre los efectos y relación de las sustancias ilícitas que destruyen vidas humanas con otros retos urgentes como los conflictos y la degradación del medio ambiente por incendios de bosques.
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