Sanción desproporcionada.
Despido de trabajador que llamó “gilipollas” a su jefe es improcedente, resuelve un tribunal español.
No todas las ofensas verbales son acreedoras a la sanción de despido, sino aquéllas que injustamente ataquen al honor de la persona; y siempre que ello se realice dentro de la esfera de la relación laboral o con ocasión de ella, pero sin que deba fijarse en forma objetiva, sino que ha de conectarse con la ocasión en que las ofensas se infirieron por el trabajador al superior, y sus circunstancias de lugar y tiempo.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (España) confirmó la improcedencia del despido de un trabajador que fue desvinculado por insultar a su superior jerárquico frente a sus compañeros de trabajo. Dictaminó que el hecho no cumple con el requisito de gravedad y que la sanción fue desproporcionada, por lo que debe confirmarse el fallo de instancia.
Según se narra en los hechos, el trabajador indicó a su jefe que se marcharía durante una reunión de trabajo, ya que se habían cumplido las 15:00 horas y que, por lo tanto, su jornada laboral había concluido. No obstante, su empleador le advirtió que si hacia abandono sería sancionado por desobediencia, pues “había disfrutado de 15 minutos de descanso”. En ese momento el hombre respondió lo siguiente: “»A ver si te atreves gilipollas» (y se marchó dando un portazo en presencia de los demás trabajadores).
Por lo anterior, fue despedido decisión que impugnó con éxito en sede judicial, pues el tribunal a quo dictaminó la improcedencia del despido al estimar que la sanción fue desproporcionada. La empresa impugnó el fallo, aduciendo que el hombre incurrió en una falta muy grave, según la normativa, que constituye una clara conducta de falta de respeto o desconsideración a un superior carente de toda justificación, que la ofende moralmente, dirigida a menospreciarla o deshonrarla en presencia del resto de trabajadores. Además, alegó que la manifestación «a ver si te atreves» debe entenderse o bien como una amenaza o como un evidente desafío, en público, al poder sancionador empresarial.
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