Artículos de Opinión

¿Cuáles son las ideas que justifican la existencia del Colegio Electoral en Estados Unidos?

La gran virtud del sistema se resume en la siguiente premisa: Un grupo más reducido de personas, escogidos por el pueblo, son capaces de deliberar de manera más prudente las cualidades del candidato a elegir, más que la masa general de la población, evitando el desorden y el tumulto.

El sistema de elecciones del Presidente de los Estados Unidos ha estado marcado, desde la adopción de la Constitución de 1787, por un sistema indirecto de elección, en donde no se cuentan la cantidad de votos de cada ciudadano que sufragó, sino los votos de los electores que representan a cada Estado en su totalidad, es decir, a través del Colegio Electoral descrito en el art. 2, sección primera de la Constitución de los Estados Unidos.

Un país como Chile no está familiarizado con este tipo de elecciones y cada 4 años muchos se preguntan porqué no se sabe directamente quién es el Presidente como sucede en otros países. Por ejemplo, en nuestra experiencia más reciente, para el referéndum sobre la redacción de una nueva Constitución, al cerrar las mesas bastaron un par de horas para saber los resultados de la votación. Quizás la única elección en donde hubo una incertidumbre más prolongada fue en el balotaje entre Ricardo Lagos y Joaquín Lavín en enero del año 2000, dado a la poca distancia de votos que tuvieron ambos candidatos.

No es fácil entender el sistema estadounidense, ya es complicado entenderlo en su funcionamiento práctico, con términos que se manejan en estas épocas como las national polls, state polls, los electoral votes y la importancia de los swinging states, pero a su vez, si no conoces las ideas de los constituyentes de 1787, es más complicado comprender la justificación detrás de este sistema. Esta duda crece más, cuando vez en las encuestas oficiales que es un sistema que hace años no recibe un soporte de la mayoría de los estadounidenses. Año a año instituciones como Gallup.inc o la Pew Research Center realizan encuestas oficiales preguntando a la población si apoyan o no el sistema de elecciones a través del Colegio Electoral, resultando casi todos los años en la victoria del rechazo a este sistema.  Aproximadamente un 61% de los estadounidenses están de acuerdo con la enmienda al Colegio Electoral, a su vez, se ve en estos estudios cómo sectores más cercanos al Partido Demócrata están por la enmienda de este sistema electoral y sectores Republicanos apoyan su mantención[1], pero teniendo el Partido Demócrata, en sus filas defensores del sistema del Colegio Electoral de gran peso, como el actual candidato Joe Biden, según medios como el Washington Post.[2]

Aún con la falta de representación directa que presenta este sistema de elección, solo en 5 ocasiones ha dado como ganador a candidatos que no obtuvieron el voto mayoritario de la población, 3 en el siglo XIX (John Quincy Adams, Rutherford B. Hayes y Benjamin Harrison), y dos en el siglo XXI, en los años 2000 y 2016 para las elecciones de George Bush y de Donald Trump respectivamente, ambos candidatos del Partido Republicano.

La raíz ideológica del porqué existe este tipo de elección la podemos encontrar en múltiples cartas del Federalista, centrado en la idea del rechazo del espíritu de partidos o de facciones, idea la cual justifica otras instituciones adoptadas por la constitución Federal, como por ejemplo la adopción de dos cámaras legislativas, la justificación del veto presidencial como freno al espíritu de partido del Congreso y la elección del Presidente, explicada en extenso en el Federalista LXVIII, en donde Alexander Hamilton indica: (refiriéndose al sistema de elección del presidente) No vacilo en afirmar que si el método no es perfecto, es al menos excelente. Reúne en alto grado las ventajas a que se puede aspirar.[3]

La gran virtud del sistema se resume en la siguiente premisa: Un grupo más reducido de personas, escogidos por el pueblo, son capaces de deliberar de manera más prudente las cualidades del candidato a elegir, más que la masa general de la población, evitando el desorden y el tumulto. Hamilton explica en esta carta que al ser el presidente el primer magistrado de los Estados Unidos, cabe circunscribir su elección a un sistema más virtuoso que las meras elecciones populares, alejados de malas prácticas como los sobornos, las cábalas y las intrigas, libres de toda parcialidad indebida. En palabras de Hamilton:

El proceso electivo nos da la certidumbre moral de que el cargo de Presidente no recaerá nunca en un hombre que no posea en grado conspicuo las dotes exigidas.[4]

Aun siendo esta la carta del Federalista que explica de forma precisa la justificación del sistema de Colegio Electoral, la idea central que enmarca la limitación a las elecciones populares se encuentra en el Federalista X, escrito por James Madison. En esta carta Madison destaca que una de las ideas centrales de la Constitución Federal es su tendencia a suavizar y dominar la violencia del espíritu de partido.[5]

Se explica en esta carta clásica, como el espíritu faccioso corrompe a la administración pública y mueven a las autoridades a actuar más motivados por la pasión y el interés partidista, más que en el bien mismo de la población. Las democracias directas presentan desventajas, las formas de gobierno popular, le permiten sacrificar al bando ganador por el bien de su pasión dominante y sus intereses personales, el bien público y los derechos de los ciudadanos.

Explica Madison que esto es parte de la naturaleza del hombre, nace del celo de las diversas opiniones y no se restringe solo a la política, sino también a la religión y en especial a las desigualdades en la distribución de la propiedad. Al ser algo inalienable a los seres humanos no se puede combatir desde la causa:

La libertad es al espíritu faccioso lo que el aire al fuego, un alimento sin el cual se extingue. Pero no sería menor locura suprimir la libertad, que es esencial para la vida política, porque   nutre a las facciones, que al desear la desaparición del aire, indispensable a la vida animal, porque comunica al fuego su energía destructora.[6]

Al ser de la naturaleza de cada hombre esta pasión partidista, los constituyentes proponen fórmulas que atenúan la representación popular dependiendo del cargo, siendo los representantes del poder legislativo escogidos de forma más directa por el pueblo (con una división que permita el equilibrio entre los Estados federales), el presidente, escogido por indirectamente por el pueblo, a través del Colegio Electoral y la inexistencia de votaciones populares para escoger a la judicatura, siendo estos cargos de representación popular atenuada escogidos en vista de sus virtudes y aptitudes más que por el júbilo desenfrenado y corrompible de las masas. Lo que configura al sistema de poderes estadounidense en términos del Federalista, no como una democracia, sino en rigor como una república, un sistema de gobierno en el que las autoridades del Estado emanan en última instancia del voto del pueblo.[7]

Las cartas del Federalista exponen fines nobles, pero a lo largo de los años hemos visto en la práctica como estos frenos a las fórmulas de democracia popular han desembocado en prácticas aun más partidistas y faccionadas, como sucede por ejemplo con el veto presidencial en los Estados Unidos y la identificación del Presidente como la tercera cámara legislativa.[8]

Aun con las críticas a lo enrevesado del sistema de elección del Presidente a través del Colegio Electoral y la desaprobación de la gente, cabe primero revisar en sede de interpretación constitucional si este espíritu de alejamiento del sentimiento de las facciones y el partidismo, es un principio que sigue vivo al día de hoy en la Constitución de las Estados Unidos y si quiere el pueblo norteamericano mantener aquella motivación inicial de los padres fundadores expresada en el Federalista N°10, ya que si no es compatible hoy en día , cabría revisar no solo la forma de escoger al Presidente, sino varias de las instituciones norteamericanas fundadas en esta idea que siguen operando hasta hoy en día. (Santiago, 6 noviembre 2020)

 

[1] https://news.gallup.com/poll/320744/americans-support-abolishing-electoral-college.aspx y https://www.pewresearch.org/fact-tank/2020/03/13/a-majority-of-americans-continue-to-favor-replacing-electoral-college-with-a-nationwide-popular-vote/

[2]https://www.washingtonpost.com/graphics/politics/policy-2020/voting-changes/eliminate-electoral-college/

[3] Hamilton, Madison y Jay. El federalista. Fondo de Cultura Económica. 1982.p. 288.

[4] Ibid. P. 290.

[5] Ibid. P. 36.

[6] Ibid. Ps. 36 y 37.

[7] FONTAINE TALAVERA, Arturo. La libertad protege a la libertad o idea de la democracia en el federalista en ALVARADO, Claudio (ed.). Imaginar la República, reflexiones sobre El Federalista. Instituto de Estudios de la Sociedad. 2017. P. 19.

[8] Véase. Ackerman, Bruce. We the people. V.1. Belknap of Harvard UP. 1991. ps. 68 y ss.

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