Diario Constitucional

Igualdad ante la ley, debido proceso y derecho de propiedad.

Ingresó al TC inaplicabilidad que impugna norma en causa en la que se alega la cancelación unilateral de una inscripción de dominio en el Conservador de Bienes Raíces de Pichilemu.

Esta cancelación habría sido unilateral, sin notificación y sin aviso previo al titular del dominio del inmueble.

Por Redacción·07 de mayo de 2021·2 min de lectura
Imagen: tribunalconstitucional.cl
Referencial

Se solicitó declarar inaplicable, por inconstitucional, el artículo 10, inciso segundo, del D.L. Nº 1.939, de 1977, sobre adquisición, administración y disposición de bienes del Estado.

El precepto impugnado establece, en lo que interesa, que “Cuando no se solicitare informe a la Dirección o éste fuere desfavorable y se procediere a practicar la inscripción, ésta adolecerá de nulidad y deberá ser cancelada por el Conservador respectivo, sin más trámite, bastando para ello el solo requerimiento de la Dirección”.

La gestión pendiente incide en un recurso de protección interpuesto por el requirente en contra del Seremi de Bienes Nacionales de la Región del Libertador General Bernardo O´Higgins y del Conservador de Bienes Raíces de Pichilemu, por la cancelación unilateral, sin notificación y sin aviso previo, de una inscripción de dominio que se tramita ante la Corte de Apelaciones de Rancagua.

Comentarios (1)

  1. Jorge San Martín

    Los conservadores de bienes raíces son auxiliares de la administración justicia cuyo ministerio o supervigilancia no depende del Seremi de Bienes Nacionales sino de la Corte de Apelaciones respectiva. En consecuencia, mucho menos tiene el Seremi atribuciones para instruir a conservadores de bienes raíces respecto a cómo actuar en las diversas materias, propias de su función registradora, ya que no solo, al hacerlo, vulnera severamente el principio de independencia de esos ministros de fe, nombrados por el Estado para ser los guardadores del registro de la propiedad que tiene por objeto dar la debida cognoscibilidad a los derechos inmobiliarios inscritos sino, además, que vulneran la órbita de sus competencias que todo funcionario u órgano de la administración del Estado debe acatar con arreglo a lo que preceptúan las disposiciones capitales del Artículo 6 y 7, que contienen (fundamentalmente) el principio de juridicidad. Todo ello, sin entrar a lo complejo que resulta aplicar el Artículo 10 inciso 2° del D. L. 1939, norma preconstitucional, que, en el caso de marras, ordena cancelar inscripciones sin dar noticias, ni notificar a sus propietarios, lo que es contrario a lo que se predica en un Estado de Derecho, no sólo por violentar severamente el derecho de propiedad consagrado en el art. 19 N° 24 del Código Político, sino porque no se condice con un debido proceso, la bilateralidad de la audiencia, la igualdad ante la ley (entre otros), garantías que son fundamentales, estatuto que engarza con la seguridad jurídica, ese valor antropológico de todo ser humano consistente en la necesidad de saber a qué atenerse. Jorge San Martín, Abogado, Magíster en Derecho Inmobiliario y Registral.

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